No religión

¿Por qué necesitamos que alguien nos diga por dónde ir, en qué creer, qué hacer, qué pensar, qué decir, etc.? ¿Acaso no podemos hacerlo por nosotros mismos? ¿Nos da miedo? Sólo sé tú sin que nada ni nadie dirija tu vida. En ese proceso caerás, pero también aprenderás, y ese aprendizaje será tuyo como nada en el mundo.

¿Para ser felices necesitamos tener religiones? ¿Para amar necesitamos construir templos? La respuesta a estas dos simples preguntas son decisivas y la respuesta en ambas es un rotundo y contundente NO. Ser felices y amar constituye la más excelsa religión per se, y anula todo lo demás. Sólo ocúpate en ello, y no importará nada más. Al hacerlo se realizará en ti la necesidad más imperativa de la conciencia, su razón de ser.

Y no es que yo esté en contra de todas las religiones, no, si es justamente porque estoy a favor de la única y verdadera religión: el amor.

No hay religión más grande que el amor y no hay otro Dios que la vida misma. Lo divino es todo lo que existe.

Sin embargo, esta posición anula todo lo demás, y hace pasar a las diferentes religiones sólo como impostoras. El mundo está lleno de religiones, pero ¿está lleno de amor? Por el contrario, las “religiones” están llenas de odio religioso. Hablan de amor, pero les gustaría ser las únicas, las que triunfaran, las que se alzaran por encima de las demás.

Las religiones no han servido para unir, sino para dividir. El nombre mismo de Dios no ha servido para que los hombres se amen mutuamente, sino para que los unos maten a los otros en nombre de ese Dios.

La religión condiciona porque erige un sistema de creencias en el cual la gente debe creer. Comenzando porque debe creer que es la correcta. Lo único correcto es que tú seas feliz, lo único correcto es que tu sientas amor (no puedes ser feliz si no eres la expresión viva del amor, la felicidad-amor es un connubio inseparable).

Pero tú no puedes ser feliz mientras existan defectos en ti, mientras te hieras o hieras a algo o a alguien, no puedes ser feliz mientras existan ese tipo de condicionamientos, mientras te pienses como un ser aislado sin advertir que todo se interconecta con todo, que herir al otro es herirse a sí mismo, que uno no hace parte de nada y, a la vez, hace parte de todo, que pertenecemos a la vida. Entonces ¿qué necesidad tenemos de pertenecer a algo si es que siempre hemos pertenecido invariablemente al todo? Tu presencia o tu ausencia cambia la historia del mundo todos los días (ver Las personas cambiamos la historia del mundo todos los días)

Uno no necesita pertenecer a nada, uno no pertenece a nada, uno nace escencialmente libre y sin pertenecer a nada, siendo sólo humano y, por tanto, podemos vivir sin pertenecer a nada (aunque a la vez pertenecemos a todo, ¡a la vida!). Lamentablemente con el tiempo nos vamos haciendo dependientes de líderes, gurúes, maestros, políticos, sistemas, religiones, equipos de fútbol, modas, opiniones, etc., y ello es lamentable porque en ello se cercena nuestra libertad y nuestra capacidad de análisis y decisión. Por supuesto, ello se entiende porque el ser humano tiene la necesidad de integrarse, de sentirse parte de algo, pero ¿no es posible integrarnos sólo como lo que somos, como seres humanos, como amigos? ¿Acaso no podemos estar solos, sin pertenecer a nada?

Por tanto, uno no pertenece a una religión. Uno piensa que pertenece a alguna, va a los ritos, cree lo que le dicen que debe creer, pero es un engaño, sólo una evasiva de sí mismo, sólo intentas llenar un vacío en tí, sólo sigues la tradición, sólo crees lo que otros creyeron, sólo buscas distraerte un poco, pero la verdadera sustancia es disfrutar de las cosas sencillas de la vida.

Una religión podrá distraerte un poco, pero nunca te hará feliz, te llenará de creencias, pero no de certezas. ¡Mira, la vida es esto que hay y no las posibles fantasías que otros crearon para ti, para oprimir tu pensamiento, tu conciencia, para quitarte tu dinero! Y dime ¿cuál es la religión verdadera? En el mundo hay alrededor de 4500 religiones, y pregunto ¿cuál de esas 4500 es la verdadera? La verdadera religión es el amor, no herir, la verdadera religión es la conciencia. Pero si esto es así entonces ¡no hay necesidad de religiones! Y sólo es verdadero lo que palpita en tu corazón.

 

Y me dirás, pero es que sin la religión el ser humano sería más perverso. Y yo te digo, la maldad y la bondad existen con o sin religión, así ha sido desde el principio. Por el contrario, llevamos miles de años siguiendo las religiones pero ¿han logrado un estado superior de conciencia? No, por el contrario, han producido ríos de sangre en nombre de su Dios. El mundo no necesita más religiones, el mundo ni siquiera necesita religiones, el mundo necesita sólo un poco más de amor.

Esto no significa que las religiones no sean necesarias, pero las religiones son sólo un paso intermedio entre la infancia y la madurez. Son una especie de caminador muy útil para el niño de meses, pero inservible para el hombre adulto, punto en el que se desecha el caminador y se impele a caminar por sí mismo, a una etapa de madurez conciente, sin dogmas, sin ritos, sin intermediarios, sin diezmos, sin pontífices, etc.

El problema de la creencia

El problema de la creencia es que no resuelve nada, pero sí crea conflictos. Por ejemplo: en occiente creen en Cristo y en oriente creen en Budha. Esto de por sí ya crea una diferenciación y, en cierto modo, una barrera, una limitante.

Alguien puede creer en la reencarnación y seguir siendo el mismo fornicario, chismoso, maledicente, etc.

Alguien puede no creer en la reencarnación y seguir siendo el mismo ladrón, ávaro, orgulloso, etc. Así las cosas ¿para qué sirve la creencia?

El mundo entero, o casi el mundo entero CREE EN DIOS, pero vemos que la humanidad entera está en conflicto, que hay desigualdad social, injusticia, hambre (sí, desarrollo tecnológico y avance científico, pero conflicto y desigualdad social). Entonces ¿de qué sirve la creencia?

El nombre mismo de Dios no parece ayudar nada en absoluto en este tipo de conflictos. El nombre mismo de Dios no es apropiado para ayudar a resolver la desigualdad social, los homicidios, las disputas hogareñas, tu propio conflicto interno. Para ello se necesita es aniquilar de raíz los elementos en el hombre que originan todo ello, para ello es necesario comprensión.

DIOS MAS BIEN PARECE UN NEGOCIO QUE ES ADMINISTRADO POR DETERMINADOS GREMIOS RELIGIOSOS, GREMIOS RELIGIOSOS A LOS QUE NOS LES CONVENDRÍA EN ABSOLUTO QUE EL HOMBRE DEJARA ESA ESCLAVITUD DE LA CREENCIA.

DIOS MÁS BIEN PARECE UN TIPO DE FRANQUICIA QUE SE PELEAN LAS DIFERENTES ORGANIZACIONES RELIGIOSAS.

Esas organizaciones religiosas quieren atrapar a Dios y confinarlo a cuatro piedras frías como la muerte misma. Quieren atrapar toda la belleza del sol y hacer que sus creyentes vayan y se arrodillen a la pálida luz de una vela.

¿Tú crees en el sol? Ante esta pregunta es posible que tú pienses que la pregunta está mal planteada y, si es así, vas por buen camino. Y, aunque uno hubiera nacido ciego de nacimiento y nunca hubera podido ver el sol no podría negarle por cuanto puede sentir esa sensación de calor que le propicia en la piel. Y si le preguntáramos a una planta ella tampoco podría negarlo.

Por tanto, la cuestión no es de creer en el sol, LA CUESTIÓN ES DE SENTIRLO, de vivir sus suaves rayos que penetran todo nuestro ser brindándonos vida y calor.

Así mismo, la cuestión no es de creer en Dios, la cuestión es de sentirlo, de palparlo en todas las cosas pues todas las cosas son la vida. Lo divino es todo lo que existe. Lo divino eres tú, yo, él, ella, todos y todo, y no debemos aniquilarlos de la forma inhumana en la que lo hacemos.

Y si se erige una creencia para imponerla a otros, ESA ES OTRA FORMA DE ESCLAVITUD. Eso es ponerle una sábana con determinados preceptos a alguien e impedirle, con ello, divisar el horizonte. QUEMA LA SÁBANA, OLVIDA LOS PRECEPTOS Y AVANZA POR TÍ MISMO.

Si comprendemos que todo y todos somos lo divino, entonces ya no procuraremos amar al otro sólo para cumplir de forma fingida y a regañadientes sopena de algún castigo, sino que nos amaremos todos de forma natural, espontánea, no fingida porque comprenderemos que el otro es una extensión de ti y de la vida.

Y ese amor nada tiene que ver con que hayan mil templos en el mundo o no, ese amor no tiene nada que ver con que se inventen mil religiones o no.

Ese amor es sólo una necesidad imperativa de la conciencia, su razón de ser.

La mejor religión

La mejor religión es la que no tiene Dios, la que no exige que los demás lo tengan, la que no tiene creencias, la que no tiene libros sagrados, ni ritos, ni sacramentos, ni pontífices, ni templos, ni santuarios, ni cultos, ni diezmos, ni intermediarios. Por eso el amor es la mejor religión, porque no exige nada, porque no pide nada, porque no espera nada, porque nos permite vernos como realmente somos, como iguales, como amigos, como hermanos.

La verdad, ¿qué es la verdad?

La verdad, ¿qué es la verdad? La verdad es lo que es. Un carro no es rojo, quizás tiene la carrocería pintada de rojo, o quizás en este instante percibimos la pintura adherida a la superficie exterior de la carrocería de color rojo. Son tantas las cosas que consideramos verdaderas y que no lo son. Esto lo podemos extender a tantos ámbitos como queramos. Así, una persona no es buena, una persona no es mala, es, y eso es suficiente. La verdad es lo que es.

Pero entonces ¿esto quiere decir que no hay una verdad absoluta? NO, porque si la verdad es lo que es, no podríamos decir que la verdad absoluta “es lo que es absolutamente”. Algo es o no es, o lo es sólo en mayor o menor grado. La palabra “absoluto” es sólo un adorno que en nuestro lenguaje utilizamos para darle más vehemencia a una asersión, sin embargo, llegados al punto de la verdad como tal, deviene fútil.

¿La verdad es cambiante? SI y NO, “lo que es” es cambiante, y eso no cambia. ¿Los árboles son verdes? Sí y no, cuando se secan y mueren cambian de color (aunque decir que son verdes es sólo una generalización). Si se mira desde una perspectiva temporal sí es cambiante, si se mira desde una perspectiva inmutalbe, eterna, entonces la verdad es eterna e inmutable. La verdad es lo que es, y lo que es, es mutable. Por tanto, la verdad es mutable, y ese hecho es inmutable, por tanto, la verdad es inmutable.

La mutabilidad de “lo que es” es inmutable. La transitoriedad de “lo que es” es eterna. Dicho de otra forma, todo fluye, todo cambia, y fluye y cambia de forma constante, eterna. Todo fluye y refluye, todo vibra y luego no vibra, y luego vuelve a vibrar. Todo, absolutamente todo, es sólo una vibración que pasa. Ahora mismo vibras… y cuando la vibración pase, el movimiento habrá cesado y todas las formas, todos los átomos, todos los niveles de realidad habrán vuelto a su origen, a su nada, o a su Nada-Todo, a su reposo absoluto, en espera de un momento en que una nueva vibración de la Nada en la Nada las haga danzar. ¡Es tan hermoso cuando vibras! ¡Y también cuando no vibras, cuando sólo reposas!

¿La verdad es buena? NO, la verdad no es buena, pero tampoco es mala. La verdad sólo es lo que es, y eso es suficiente. Los extremos “bueno” y “malo” no son el equilibrio, y son sólo la mitad de la realidad. Eso sin contar que no hay bien absoluto ni mal absoluto, y que entre ambos dejan aprendizaje, y todo aprendizaje tiene un costo. ¿Un río es bueno? ¿El fuego es bueno? El río sólo es lo que es, y el fuego sólo es lo que es, y la forma en que los percibamos en un momento determinado sólo es circunstancial. Para los peces el fuego no es bueno, para el que se está ahogando el agua no es buena. Una piedra no es buena ni mala, sólo es. Si la utilizamos para construir un edificio, entonces la percibimos como buena. Si alguien la usa para matar a alguien, la percibimos como mala.

La verdad es lo que es, pero ello sólo es un postulado acerca de “lo que es” la verdad, y no la verdad en sí misma, y ese postulado podrá corresponderse o no, ya en mayor o menor grado con “lo que es”. Es decir, cuando afirmo que la verdad es lo que es, NO estoy diciendo la verdad, sino expresando un postulado acerca de la verdad que puede corresponderse o no, ya en mayor o menor grado con ella, con lo que es. En el mejor de los casos uno sólo expresa postulados verdaderos, o que lo son ya en mayor o menor grado. ¿Recuerdas que un carro no es rojo? Una manzana tampoco es verde o roja. Pero claro, es una forma de entendernos, no podríamos en la vida cotidiana llevar todo a estos extremos.

La verdad última es incognoscible e inexpresable. Es incognoscible porque la verdad es el fenómeno de la Nada-Todo. La Nada-Todo no puede conocerse a sí misma, sólo ES, sólo es lo que es. Dado que en la Nada sólo hay eso, Nada, entonces no hay “algo” que pueda ejercer un proceso cognitivo. Hipotéticamente uno sólo podría conocer la Nada cuando se convierta en Nada, pero en tanto que sería Nada, no podría conocer ni comprender. Mientras uno tenga una individualidad no puede experimentar la totalidad. Mientras una gota de agua mantenga su individualidad no puede conocer, experimentar el océano, pero a medida que se acerca a este (quizas hay media gota en el mar y media afuera) puede comprenderle, pero cuando finalmente pierde su indivualidad, entonces ya deja de ser gomo gota y como individualidad y sólo es lo que es. Por esta razón, la verdad última es incognoscible (por mucho, podremos comprenderla e intuirla de lejos, y entre mayor sea la comprensión, intuición y experimentación de ella, más disueltos estaremos. Y cuando estemos disueltos por completos, convertidos en Nada, entonces seremos lo que es (pero para ese entonces ya no hay lugar a comprensión, ni intuición, ni experimentación, porque la Nada es sólo eso, Nada. O mejor Nada-Todo). Pero la verdad también es inexpresable porque cuando se expresa, no es la verdad como tal, sino un postulado acerca de la verdad, mismo que puede ser verdadero o no, ya en mayor o menor grado.

Ahora bien, y esta vez ya en términos menos filosóficos, podemos afirmar que las personas desean conocer la verdad pero ¿cuál verdad? ¿La verdad sobre qué? Hay tantas dependiendo de lo que se busque. Si es la que los “buscadores de la verdad”, “los sedientos de la verdad” buscan, la verdad última, la que compete a todos los niveles de realidad, ya nos hemos referido a ella. Pero ¿cómo llegar a hacerla nuestra? Porque uno puede llegar a “conocerla” intelectivamente, pero entonces uno se convierte en un loro que repite algo sólo porque alguien más lo dijo. Se necesitará meditación y comprensión. Sólo medita en las grandes cuestiones que deseas saber, y a medida del tiempo llegarás a tus propias comprensiones. Quizás al comienzo sólo recorramos un tramo, o erremos el tramo, pero también luego podremos reconocerlo… hace parte del proceso.

Hay una lógica intuitiva, y hay una lógica razonativa. La lógica razonativa está orientada a las cosas que pueden percibir nuestros sentidos, que podemos someter a ensayo y prueba en laboratorio o mediante la experimentación y la observación. La lógica intuitiva se percibe de forma diferente, si se quiere, con el corazón, con la intuición; sin embargo, NO se contradice con la lógica razonativa. Por tanto, si mediante la razón llegamos a la conclusión que algún postulado de la lógica intuitiva es “ilógico”, “imposible”, entonces realmente es ilógico e imposible.

No busques la verdad afuera, porque las verdades del exterior son sólo intelectivas, las aprendes como una teoría, pero no las has descubierto en tí, no se han hecho carne y sangre en ti y, por tanto, no tienen cimiento y eventualmente cualquier viento viene y las derriba. La verdad que no encuentres en ti no la hallarás en ninguna otra parte, tú eres el todo, y todo está interconectado, no “eres” en forma aislada, eres la Nada-Todo, eres lo que eres y por tanto, eres la verdad, la eterna vibración y la eterna quietud en una continua danza.

La eutanasia

El propósito de la endología es minimizar o eliminar el dolor, el sufrimiento. Es verdad que, hasta cierto punto, el dolor y el sufrimiento son inherentes a la misma vida, así como lo es la euforia o la alegría y que, por consiguiente, eventualmente experimentaremos de ambos un poco.

El dolor es aberración

Sin embargo, llega un punto en que continuar el dolor deliberadamente es una aberración, es como quien mete sus manos al fuego. En principio habrá experimentado en su propia piel la sensación que se siente y habrá adquirido una sapiencia propia, y hasta ahí estaría bien. Sin embargo, dejar la mano quemándose, y añadir el brazo, sería ilógico, una aberración.

Basten estas breves disertaciones para comprender que el dolor y el sufrimiento, si pueden ser disminuídos o eliminados, deben ser disminuídos o eliminados. Es un asunto de conciencia, ajeno a cualquier preconcepto social, cultural, religioso, etc.

NO es verdad que sólo algún tipo de Dios o de divinidad pueda tener la potestad sobre la vida de una persona, NO es verdad que se deba dejar a la persona en su estado de sufrimiento sólo por el patético pretexto que es su “karma” y que no se debe interferir con ello, con la “ley divina”, y que la “ley divina”, o lo divino, o Dios, cuando esa persona haya pagado su karma o cuando lo  juzgue conveniente, le enviará la muerte.

Los seres estamos al servicio de todos los seres

Dios, o lo divino, no suele aparecerse a los seres humanos y decirles: ¡Ey! ¡Soy Dios! ¡Haced esto o haced aquello! indudablemente, inclusive sin que él se aparezca a una persona a decirle que es lo correcto, uno sabe que es lo correcto, y Dios, o lo divino, actúa mediante los seres humanos.

Dios no se aparece haciendo obras de caridad, sino que las hace a través de los seres humanos, o más bien, los seres humanos con su amor o su odio revelan su divinidad o crueldad.

Todos los seres humanos estamos al servicio de todos los seres humanos y debemos proceder con caridad. Realmente todo el universo está al servicio de todo el universo, todos los niveles de realidad están al servicio de todos los niveles de realidad.

Un acto de caridad

Propiciar la armonía, el bienestar propio, de los demás, de la sociedad, indiscutiblemente está bien, es lo correcto, la simple lógica y nuestra conciencia nos indican en forma irrebatible que es así. Y no menos sucede con la minimización del dolor, de la enfermedad, del sufrimiento, de cualquier tipo de eventualidad que cause penuria.

Y si uno puede hacer algo para contribuir ¿lo haría? Y si hay un niño con hambre y puedo ofrecerle un pan de mi cesta ¿lo haría? La respuesta incontrovertible es SÍ, ABSOLUTAMENTE SÍ, es un asunto de conciencia y de lógica elemental.

Pero ¿qué tiene que ver esto con la eutanasia? Todo, absolutamente todo. Uno podría, desde el punto de vista religioso, decir: Si él está aguantando desnudo o aguantando hambre, etc., es porque es su “karma”, es “la ley divina”, y la “ley divina”, o lo divino, o Dios, cuando esa persona haya pagado su karma o cuando lo  juzgue conveniente, le enviará un pan desde las nubes.

¿Verdad que un tipo de planteamiento así es ilógico? Y por otra parte, en el hipotético que Dios le enviara un pan, realmente no sería Dios envíandole un pan, sino un ser humano que, en su caridad, le brinda un pan o un abrigo.

Somos nosotros, los seres humanos, los que decidimos hacer o no una caridad, y por caridad, se debe minimizar o eliminar el dolor.

Sólo Dios es dueño de la vida

La endología no es una doctrina teísta y por tanto, no tiene este tipo de problemas filosóficos. O sí lo es, para la endología, lo divino es todo lo que existe, incluidos los seres humanos. Inclusive, algunas tradiciones religiosas indican que somos dioses, o cuando menos dioses en potencia. Y si tal es la situación ¿dónde está la contradicción?

Es verdad que este universo es el vehículo de una conciencia cósmica (y más allá de este universo hay otros universos y otras conciencias cósmicas -no creadoras de todo, sino consecuencia inevitable de la “Nada-Todo”), pero tal ser no es un aberrado porque  si no se puede hacer una caridad a una persona que está sufriendo, entonces tampoco se puede dar un pan al hambriento, no se puede sanar al enfermo, no se puede vestir al desnudo, no se puede consolar al que está devastado y, en última síntesis, no se puede tener ningún tipo de dignidad como ser humano, no se puede procurar ningún bien, ningún tipo de bienestar, ningún tipo de minización del dolor, y sólo debemos esperar a que, de la nada, todo ello pase… y mientras tanto sufrir o sucumbir.

Un asunto de conciencia

No, tales no son los valores que la conciencia indica. Permitir que una persona sufra cuando, razonablemente, ya no hay nada que hacer, es una aberración, casi un acto diabólico, porque sólo una mente diabólica piensa en prolongar el sufrimiento.

Es verdad que en muchas ocasiones puede más el apego, que hay dolor porque la persona parta de nuestras vidas, pero es un acto de caridad, un acto de amor tan grande que te desprendes de tu propio apego para que el otro calme su dolor y pueda partir, en paz, en forma digna. No importa si ahora el dolor es tuyo, así es el amor.

Y no te preocupes por lo que diga tal o cual religión. En el universo hay millones de planetas con vida inteligente, y cada uno de ellos con sus propios planteamientos filosóficos, con su propia religión, entonces ¿cuál de todas es la correcta? La religión verdadera es el amor.

El amor no tiene edad

El amor no es de edad, sino de almas.
… decían que era inmortal, de miles de años, aunque lucía como un apuesto joven, y se enamoró de una joven, y la joven de él.

¿Te imaginas, si eres joven, estar con una persona 20 o 30 años mayor? O si eres mayor ¿te imaginas estar con una persona 20 o 30 años menor? Quizás no, quizás sí. Quizás en principio la sóla idea te cause rechazo, quizás pienses que las parejas que están juntas, en tales condiciones, sólo lo están por algún tipo especifico de interés, pero ¿piensas que eso es invariablemente así en el 100% de las veces?

No generalizar

Es verdad que una buena parte de este tipo de parejas lo hace por algún tipo específico de interés, por lo general dinero, sexo, prestigio, posición social, apariencia, herencia, etc., pero no siempr es así y probado está hasta la saciedad que en buena parte de esas relaciones también existe amor verdadero. Además, si se habla de interés ¿no sucede lo mismo con muchas parejas de edades similares? Por lo general, siempre hay un interés, sólo que cuando la diferencia de edad es pronunciada, se suele pensar que es lo único que puede haber.

Pero ¿es posible enamorarse de una persona 20 o 30 años mayor o menor? La respuesta es sí. Y sabemos que es así porque los casos abundan. Y cuando sucede, entonces verdaderamente se conoce que es un amor legítimo y acaso más valedero porque se ha sobrepuesto a las adversidades culturales y a los esteretipos tradicionales. Y se sabe que es amor, porque se han aislado cuestiones de juventud o de vejez, de dinero o de escasez, etc. Es decir, no hay nada, o más bien, hay poco, que debiera haber originar ese enamoramiento, y sin embargo sucede. Caso diferente cuando una persona ve en otra, ya dinero, ya cuerpo, ya juventud, etc., pues podría darse el caso que realmente ese amor no fuera tan robusto, sino que realmente la persona se estuviera dejando impresionar de estos otros aspectos.

Igualdad de posibilidades

Pero veámoslo de otro modo, encontrar el amor, el amor verdadero, ese que es para toda la vida, es terríblemente díficil, inclusive entre personas de nuestro rango de edad. Es decir, no porque las edades estén lo más próximas posibles, significa que tendremos más posibilidades de encontrar el amor verdadero, ese amor de toda la vida… no, absolutamente NO, cualquier persona puede estar de acuerdo con ello, percatarse de ello.

Pero llevémoslo a un nivel más allá, y supongamos que la persona ha nacido el mismo día, a la misma hora que nosotros, ¿eso garantizará acaso que serán más afines, que habrá más amor? No, absolutamente NO. No importa cuánto se acerque a nuestra fecha de nacimiento o cuanto se distancie de ahí, no va por esa vía

Así las cosas, es evidente que el amor no es una cuestión de edad, sino de afinidad, afinidad que realmente se debe dar en muchos niveveles. Y la afinidad es atemporal, simplemente sucede. No que realmente suceda de la nada, sino que intuitivamente las personas se reconocen similares en muchos aspectos, especialmente los que atañen a la persona en sí, sus valores, sus aspiraciones, sus ideales, su lucha, su atracción sexual, su cariño, etc.

La afinidad es atemporal

La afinidad es atemporal, lo que sucede es que, dependiendo de las diferencias de edad, surgen en nuestra mente condicionamientos que ni siquiera son de nosotros, condicionamientos culturales, sociales, el qué dirán, el “podría ser su papá”, “podría ser su mamá” o “es que una persona así es muy inmadura”, “no sabe para dónde va”, “podría ser su hijo”, “podría ser su hija”, etc.

Pero todo esto no es más que pretextos y condicionamientos sociales que hallamos en cualquier rango de edad, que no son exlusivos de este tipo de casos, sino que inclusive los hallamos en parejas de edades similares, condicionamientos tales como: “es muy alto”, “es muy bajo”, es “blanco”, “es negro”, “es carpintero”, “es ama de casa”, etc.

El amor que muta

Ahora bien, hay algo que si es una realidad: existe una enorme tendencia a que una diferencia de edad muy pronunciada provoque cambios en el tipo de amor. Por ejemplo, hay parejas que se aman, pero que ya el uno, ya el otro, comienzan a ver en el otro u otra una figura paternal o maternal.

Realmente esto sucede en todas o casi todas las parejas. Es decir, se ven como hombre y como mujer, como compañeros de vida, como compañeros sexuales, pero también, ya en mayor o menor grado, se ve también en el otro un padre (un protector) o una madre (pendiente de él, de sus necesidades). No hay una norma fija, y depende de cada persona y de cada pareja. Sin embargo, ese porcentaje suele incrementarse considerablemente cuando la diferencia de edad en la pareja rebasa los 20 años, siendo casi ineludible con una diferencia de 30 años o superior. No es que surja esa figura maternal o paternal, es que se potencia enormemente.

Y sin embargo, aún así, la relación puede funcionar, y casos hay en cantidades donde esto queda probado. Esto, por supuesto, no es que sea ni bueno ni malo, y depende de cada pareja. Esto no significa que las parejas que se llevan más edad sean más funcionales que las que se llevan menos edad, siendo que tienen la misma complejidad de encontrar el amor verdadero que parejas contemporáneas.

En casos más extremos ya no sólo verá a la otra persona como un padre o como una madre, o como un hijo o como una hija, sino como un abuelo, o como una abuela, o como un nieto o una nieta y, sin embargo, si hay amor ¡la amará! ¡o lo amará! (estamos hablando de amor legítimo, no de atracciones pasionales aberradas). A su forma, posiblemente víendolo como algo imposible, como tabú, en secreto… son almas que se aman, pero por cuestiones estrictamente físicas, de esos avatares que tiene la vida, no pueden estar juntas… pero la vida no es sólo una y tienen la “eternidad” por delante, ya llegará el momento para que estén juntos, ya llegará el momento de la dicha y del beso.

Y es que, en última síntesis, el amor no es de edad, sino de almas, y en este punto queda el asunto resuelto. A veces nisiquiera se encuentran y sólo queda conformarse con amores tibios, a veces el uno ya va de partida, a veces el otro hasta ahora está naciendo, pero  ¡qué dicha cuando se encuentran y es posible!

La mejor venganza es el olvido de toda venganza

¿Cuál es la mejor venganza?

La mejor venganza es el olvido de toda venganza ya que uno mismo es el culpable de aquello que condena.
La mejor venganza es el olvido de toda venganza porque el odio que lance volverá a mí y, entonces, cuánto mayor mi odio, mayor mi pena.
La mejor venganza es el olvido de toda venganza ya que el que ha herido también sufre, también se remuerde, especialmente si uno no le devuelve la venganza que espera.
La mejor venganza es el olvido de toda venganza porque todo lo que sucede en la vida, tanto malo como bueno, es uno de los tantos posibles de la existencia.
La mejor venganza es el olvido de toda venganza porque entonces no me atormentaré en ese infierno y habrá paz y tranquilidad plenas.
La mejor venganza es el olvido de toda venganza porque todo el mundo está en su propio proceso de aprendizaje, y en el acierta o yerra.
La mejor venganza es el olvido de toda venganza porque la vida le da a cada quien lo que merece, lo que necesita, aunque uno no lo comprenda.

Todo el movimiento cosmogónico básicamente se puede resumir así…

1. Cuando ha llegado el momento de que la vida surja, surge en todo lugar, en cualquier tipo de entorno y elemento, en la tierra, en el agua, en el aire y hasta en los ambientes más extremos. No hay nada que lo impida.

2. La vida es inteligente y, en su inteligencia, interactúa con el entorno para propiciar su perdurabilidad.

3. En dicha interacción, progresa y se desarrolla hasta alcanzar cumbres más altas de inteligencia, emoción, movimiento y reproducción.

4. Cuando la inteligencia ha llegado a un estado superior a nivel intelectual, se pueden crear artefactos para poder salir del entorno en el cual se ha desarrollado.

5. Al salir de ese entorno descubre inevitablemente otras formas de vida, ya con mayor o menor desarrollo de inteligencia.

6. La vida, como movimiento cósmico, es escencialmente una, expresándose en diferentes organismos y de las formas más diversas. Uno escencialmene es todo lo que existe. No hay nada que lograr ni lugar a dónde ir. Ya todo está aquí, aquí y ahora.

7. No hay ninguna cumbre que alcanzar más allá de lo que la vida misma es. La vida es una celebración, un canto, una danza, y no tiene más propósito que ella misma.

8. Cuando ha llegado el momento de que la vida se extinga, se extingue a pesar de todos los esfuerzos que se hagan por preservarla. Y no hay aberración en ello. Simplemente es lo que es, y no puede ser de otra forma. Alto y bajo son escencialmente un mismo fenómeno: longitud. Frío y cálido son escencialmente un mismo fenómeno: temperatura. Blanco y negro son escencialmente un mismo fenómeno: color. Longitud, temperatura y color son escencialmente un mismo fenómeno: expresión.

9. Cuando ha llegado el momento de que el todo se convierta en nada, se convierte en nada. Y no hay nada que lo impida. Cuando el movimiento no puede continuar, entonces cesa y queda la inmovilidad. Cuando el sueño es irremediable entonces todo duerme.

10. En algún momento el sueño cesa y vuelve a comenzar. La vida, en este punto, es inevitablemente amnésica. Así es. Y no hay aberración en ello. Simplemente es lo que es, y no puede ser de otra forma.

Imagen: pixabay.com

Las personas cambiamos la historia del mundo todos los días

Uno como persona, como manifestación de la vida, no está aislado de la vida, ni de los otros seres.

Un ser humano es tan valioso y tan importante en el mundo, que con su presencia o su ausencia  todos los días cambia la historia del mundo. Para cambiar la historia del mundo no se necesitan grandes prodigios ni grandes hazañas, ni hacer una nueva guerra, etc., sino que todos los días se cambia la historia del mundo con los pequeños actos de la vida cotidiana.

Si una mujer trae un niño al mundo, aunque parezca que es algo cotidiano, de hecho, ya ha cambiado la historia del mundo pues ese ser humano que trae a la vida interactuará con otras personas, hará feliz a otra persona, tenderá una mano, se convertirá en el mejor amigo de alguien, etc. Y a su vez, la vida de esas otras personas estarán permeadas por su presencia y sus vidas no serán iguales.

Uno no es un individuo aislado del mundo, sino un ser interconectado y con sólo su presencia ya cambia la historia del mundo porque afecta la vida de otras personas que, a su vez impactan en la vida de otras, y así sucesivamente.

Tan es así que si uno invita a tomar un café a un amigo, ya cambia la historia del mundo. Ese amigo posiblemente iba a ir para otro lado, pero si hubiera ido allá por el camino lo hubieran asaltado y hubiera muerto. Y esa ausencia impactaría potencialmente en los familiares y allegados. Alguno de los allegados, Diego, al enterarse de la noticia entra en un estado de nervios e insulta a su jefe y pierde el trabajo. Sin embargo, asiste al funeral y, luego de algunos días decide aceptar un trabajo donde sólo iría a ganar miserias. En ese trabajo conocería a Sofía, una mujer de la que se enamoraría perdidamente, y tendría tres hijos. Sin embargo, ella luego le sería infiel y él terminaría sumido en una depresión que le llevaría a la drogadicción y a la muerte. Felipe, el hijo menor de ellos, al ver lo sucedido con su padre, se iría del país y allá haría vida, conocería otras personas, impactaría en otras personas (seguiría cambiando la historia del mundo).

Sin embargo, ese amigo ya no va al sitio al que iba a ir, ahora viene a nuestra casa y se enamora de una de las primas (pero eso es otra historia). El caso es que no muere y Diego, ya no entra en estado de nervios ni insulta al jefe (porque el evento ya no sucede) y, por el contrario, es ascendido. Con el dinero excedente se compra una finca dónde cuida un lugareño que estaba pensando en suicidarse porque su esposa estaba embarazada y él no conseguía empleo. Sin embargo, ahora viven muy felices. Diego, por su parte, no logra tener hijos porque la prima que conoció es estéril, sin embargo, ahora han adoptado a dos mellizos y también a Tomás, un perro traído de Etiopía.

En este caso, resulta evidente la forma en que se han afectado muchas vidas, y con ello la historia del mundo, pues la historia del mundo no se construye necesariamente con grandes hechos, sino con las cosas cotidianas que hacemos todos los días. Pero además hay un hecho evidente: Felipe, el hijo de Diego y Sofía, nunca existió (estuvo a punto de existir, qué tanto era un café), no viajó a otro país y su ausencia, por supuesto, cambia radicalmente la vida de esas otras personas, pues no sólo se cambia el mundo con nuestra presencia, sino también con nuestra ausencia, cuando obramos o cuando dejamos de obrar, para “bien” o para “mal”.

Con sólo invitar a un amigo un café, hemos cambiado la historia del mundo, el mundo ya no será igual, ni existirán las mismas personas, ahora existirán otras que realizarán otras acciones y por consiguiente, ahora todo será diferente.

Pero esto es sólo un ejemplo de cómo se cambia el mundo con sólo invitar un café a un amigo. La cuestión es que en la vida uno no sólo invita un café a un amigo, sino que diariamente hace muchas más cosas, y en unos meses hace miles, y en la vida millones. ¡Cuántas veces no habremos cambiado potencialmente la vida de muchas personas sin apenas darnos cuenta! Cosas como estas suceden todos los días. Y, para nuestro ejemplo, sólo hemos tomado como referencia a uno de los hipotéticos allegados que iban a ir al funeral, pero ¿si van cien, o doscientos? Entonces, tanto las pequeñas como las grandes cosas a desarrollarse ya no serán iguales (Las grandes cosas que están hechas de pequeñas cosas).

Esto demuestra que nuestra vida no es aislada de la vida de los otros seres y que, tanto nuestra presencia como nuestra ausencia cambia la historia del mundo. Alguien podría decir, yo no deseo intervenir, yo no deseo que nada cambie por mi culpa, mejor me voy a ir como ermitaño a una cueva en lo profundo de la tierra; pero incluso allá necesitará alimento e interactuar con alguien. Pero incluso si no fuera así, su ausencia también ya cambia la historia del mundo pues, con su presencia sería de un modo, y con su ausencia será de otro. Con su presencia Juliana iba a ser feliz, ahora será esposa de un libertino, etc.

Esto, por otro lado, implica que nuestras acciones deben ser absolutamente responsables pues, con ellas, todos los días cambiamos la historia del mundo. Por supuesto, esto no debe llenarnos de superfluo orgullo pues no nos hace más ni menos seres humanos, no podemos ser más que ello, ni menos que ello: seres humanos. Ni tampoco debe llenarnos de miedo por la carga que conlleva, sino que simplemente debemos tomar las decisiones que consideremos correctas en un momento determinado. Cuando uno hace lo que considera correcto en un momento determinado, no hay ni debe haber remordimiento, sea lo que sea que suceda.

Uno como persona, como manifestación de la vida, no está aislado de la vida, ni de los otros seres, sino que estamos interconectados, y la sonrisa o el desprecio que una persona le hace a otra en el lugar más alejado del mundo el día de mañana podría permear, influir, cambiar potencialmente nuestra vida.

Tú y yo somos esencialmente uno, somos la misma manifestación de la vida, sólo que en diferentes cuerpos.

Tú y yo somos seres muy valiosos, quizás por cosas de la vida a veces podemos pensar que no es así, pero la vida sin nosotros, no sería la misma, muchos seres, sin nuestra presencia, no serían los mismos.

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10 razones para no tener hijos

No es que no ame los hijos, sino que quiero que tú y tus hijos vivan mejor.

Abordar una temática de este tipo no es para nada fácil y vivimos en una sociedad donde existe una falsa moral y una suerte de presión social subterránea, camuflada, silenciosa que impele, especialmente a la mujer, a tener hijos o a censurarla ocultamente cuando no los tiene o preguntarle cuándo los tiene. Como si al tenerlos el mundo fuera mejor, como si la sociedad avanzara con ello. Un hijo no hace a una mujer más mujer, ni a un hombre más hombre; de hecho, un hijo es una decisión, decisión que difícilmente debiera tomarse pues este mundo no es un lugar bello para vivir.

Hay mujeres que han tenido tres, cinco, diez o más hijos y eso no las convierte en más mujeres. A lo sumo ahora tendrán más problemas, más noches de desvelo. Un hijo no la hace más plena, ni más completa; sino que la legítima sensación y sentimiento de plenitud no provienen de factores externos, sino de la comprensión de la vida.

También, dentro de esta dinámica, la sociedad se las ha arreglado para hacer entrar en juego el falso concepto de familia como núcleo fundamental de la sociedad, pero no es más que una ilusión pues todos somos la gran familia terrestre. La familia somos todos, pero vivimos divididos, peleando y levantando fronteras sólo porque no comprendemos ese hecho fundamental.

Esta posición, la de no tener hijos, pareciera ser muy lúgubre y desesperanzadora, pero no es así, sino que es un acto de la más elevada humanidad, un acto de amor. No traer hijos al mundo precisamente porque se les ama mucho. Pero aparte de ello, porque existen poderosas razones de peso entre las que están:

1. Este mundo no es un lugar bello para vivir

Este mundo está lleno de todo menos de amor, de solidaridad, de sincera hermandad. Este mundo es bastante perverso y hay malicia, corrupción, muerte, hambre, accidentes, enfermedades, competencia despiadada, subyugación. Este mundo no es un lugar bello para vivir.

2. Con frecuencia se les trae por egoísmo y por miedo

Pero alguien dirá, es que los hijos también traen alegría y dicha. Y así es, y precisamente por eso muchos hombres y mujeres los traen. Pero eso en el fondo es un acto de egoísmo, porque por llenar el vacío de su vida, por sentirse realizados, sacrifican a un ser humano. Los padres estarán más felices, y ese hijo les hará olvidar los problemas de la vida, les dará un motivo de vida, una razón para luchar, y así avanzarán; pero a cambio de todo ello sacrifican a un ser humano, porque la vida pasa y tras ello sólo llegará la esclavización del ser humano a manos del ser humano, la vejez, las enfermedades, el abandono, el dolor de la partida.

En otras ocasiones se trae a un hijo por miedo, por miedo a no envejecer solo(a), para que sea una compañía, para que alguien cuide de nuestra vejez. Pero todos esos conceptos son infundados, son sólo un sueño, tener hijos no garantiza nada. De hecho, he visto a padres con más de diez hijos morir en el más completo abandono, incluso estafados y abandonados por sus propios hijos; pero también he visto que de donde menos se piensa surge una mano extendida. En otras ocasiones también se hace para continuar el linaje, pero ¿no ves lo superfluo que es ello en sí mismo? O también para heredar un legado, pero un hijo no es menos ser humano que otro ser humano, y hay personas cuya benevolencia realmente conmueve, y también hay hijos de corazón duro. Una causa no siempre está mejor en manos de un hijo, sino en manos de quien verdaderamente la ama.

3. Insuficiencia de recursos, inequidad, competencia y depredación

La vida es una competencia violenta e inhumana. Y traer un hijo al mundo es traerlo para que haga parte de esa dinámica, para que sea depredador o depredado, pues aunque en el mundo algunos viven con la más desorbitante opulencia, otros mueren de hambre. Traer un hijo al mundo sería dejar a otro ser humano sin comida o dejar a nuestro propio hijo sin comida. La razón: porque no hay recursos para todos, y no los hay ni siquiera por causas naturales, sino que la causa es el mismo ser humano pues, mientras unos viven en la más desorbitante opulencia, otros mueren de hambre. Si hay un pan, prefiero que el niño que ya ha nacido lo tome, pero no traer otro niño para que ahora uno coma y el otro muera o para que entren en conflicto y armen una guerra deshumanizadora.

4. Aumento de la pobreza

Traer un hijo al mundo es aumentar la pobreza. Y es que los gobiernos hablan de la disminución de los índices de pobreza, pero no hay tal, no puede ser más que una ilusión. Es imposible que la pobreza disminuya cuando precisamente las personas de bajos recursos económicos son las que más traen hijos al mundo. Si dos personas de bajos recursos traen a una tercera, o inclusiva a una cuarta, quinta, etc., los recursos que antes tenían para los dos (de por sí ya insuficientes) ahora deben alcanzar para tres, o cuatro, o cinco, etc. Así no puede disminuir la pobreza; así sólo puede aumentar. Ahora bien, las personas con amplios recursos económicos sí que podrían tener varios hijos y tendrían una calidad de vida óptima, digna. Sin embargo, son precisamente ellos los que menos tienen, lo que hace que la riqueza se concentre cada vez en más pocos, lo que se convierte en uno de los aspectos para que haya desigualdad e inequidad en el mundo.

5. Los posibles giros fatales

La vida es libre en su movimiento y uno nunca sabe qué pasará; puede que ese hijo, mientras va camino a la escuela sea arroyado por un auto que lo deje sin piernas, inválido por el resto de su vida. Entonces ¿cómo lidiar con el sentimiento de culpabilidad? Se hubiera podido haber evitado, se hubiera podido no traerlo… pero posiblemente se quería llenar un vacío, o quizás se era lo suficientemente irresponsable que sólo ha venido al azar. Son tantas las tragedias físicas como morales que pueden pasar, en un instante toda la dicha podría acabar.

6. Un hijo para la esclavitud

Traer un hijo al mundo es traer a un nuevo esclavo que hace de pieza de engranaje del sistema. Nace para el sistema, se educa para el sistema y luego trabaja de sol a sol toda su vida para el sistema. No tiene dignidad como ser humano, viene a resultar como una máquina. Y cuando ya no puede trabajar más es desechado y sólo le queda esperar la muerte. Una vida así no es una vida digna para un ser humano, no tiene una libertad auténtica.

7. El dolor de la partida

La vida implica a la muerte y sería descorazonador traer un hijo para que tenga que pasar por el dolor de ver morir a sus padres o, en su defecto, de los padres ver a morir a sus hijos. Cualquiera de los dos episodios son tan profundamente dolorosos que resultan impropios de la dignidad de un ser humano. Pero no sólo es la partida de los padres, también es la partida de otros familiares, del esposo o de la esposa, etc.

8. La replicación del infortunio

Un hijo sería la replicación del infortunio, pues ese hijo traería a otro, y ese otro a otro, y así sucesivamente, de modo que no sólo estaría afectando la vida de una sola persona, sino la vida de cientos y hasta miles de personas.

9. A mayores recursos, mayor bienestar

Entre menos personas, más recursos habría para todos, más bienestar en todo sentido, menos pobreza. No se trata de que nadie tenga hijos en absoluto, pues en tal caso la especie humana se extinguiría; se trata de que las personas que vivan en el mundo puedan vivir dignamente, acorde a un íntegro estatus de ser humano.

10. Comprensión, vida paradisíaca

Cuando las personas viven con bienestar entonces todo comienza a florecer y, a cambio de preocuparse por las necesidades básicas de la vida, el ser humano podría enfocar su atención en su propio florecer, en alcanzar la comprensión. Y esa comprensión haría imposible que hubiera de nuevo dolor en el mundo. Entonces se comprendería que todos somos de la misma familia, que nuestros temores o esperanzas son los mismos, que nuestras necesidades son las mismas. Entonces el paraíso no sería algo lejano ni distante, ni la dignidad humana sería un sueño.

Esto, por supuesto, sólo representa una posición personal pero, considero, está alineada con un acto de comprensión y, lo que es más, con un acto de amor y de reivindicación con la dignidad del ser humano. No obstante, más allá de ello, se encuentra la libertad de actuación de cada persona y el natural deseo de una mujer de convertirse en madre, de engendrar vida. Y no sólo es un derecho y un natural deseo, sino que inclusive no es nocivo si no va más allá de dos por pareja, más allá de uno por persona.

Si todas las personas del mundo tuvieran sólo un hijo, entonces la cantidad de habitantes se mantendría tal como está en la actualidad. Sin embargo, si por cada pareja sólo se tuviera un hijo, pronto la población se reduciría notablemente y habría más recursos para todos, se reduciría la pobreza, el hambre, y muchas cosas mejorarían.

Tener hijos como no tenerlos es una decisión, y ambas decisiones conllevan una gran responsabilidad. Tenerlos no hace a una mujer más mujer ni a un hombre más hombre. Y no tenerlos no hace a una mujer menos mujer y a un hombre menos hombre. Se trata de una decisión, sólo que conlleva una enorme responsabilidad pues se trata de traer o no a la existencia una nueva vida, un ser humano.

Imagen: pixabay.com

¿Qué es lo más importante, amar o ser amado?

En alguna ocasión, mientras navegaba por internet me encontré con esta publicación:

En mi viaje por el mundo encontré un hombre sabio al que le pregunté:
– ¿Qué es más importante? ¿Amar o ser amado?
Sonrió y me respondió:
– ¿Qué ala necesitas para volar…
la izquierda o la derecha?”

Tal respuesta es correcta. Ciertamente se necesitan de ambas alas, de ambos aspectos. Sin embargo…

Lo más importante es que te ames a ti mismo(a). Y en ello están contenidas ambas por partida doble pues, por una parte, estás amando a alguien, a tí mismo(a), y, a su vez, estás recibiendo un amor que viene de ti hasta ti.

Pero eso no es todo, pues, por otra parte, cuando uno se ama a sí mismo, cuando no se hiere, cuando está en bienestar, ello desborda hacia el exterior, hacia los demás, de modo que los amarás, y ellos, como reciprocidad, eventualmente también te amarán. Ciertamente se necesitan ambas alas, pero más allá de ello, tu propio deseo de volar, ese que viene de ti hasta ti y te hace agitar las alas y buscar espacio.

Pero si no te amas a ti mismo(a), entonces sólo habrá un vacío amargo en ti y ello desbordará hacia el exterior, hacia los demás, de modo que ¿cómo podrían ellos recibir un amor legítimo de ti?

La mejor forma de amarse a sí mismo(a) es la comprensión.
Y la peor forma de herirse a sí mismo(a) es la incomprensión.

Imagen: pixabay.com

Qué son y en qué consisten los orbes

Origen de la palabra orbe

El término orbe es de origen inglés en “orb”, y que en español significa “orbe”. Aun cuando se suele hablar tanto de orbs como de orbes, es preferible, para nuestro idioma, utilizar la palabra “orbe”.

Orbes ¿que son y en qué consisten?

Los orbes son esferas luminosas que aparecen en fotografías y en videos, principlmente en ambientes oscuros, de diferentes tamaños y colores, inclusive con textura.

Partes de un orbe

A partir de registros fotográficos en los cuales ha sido posible capturar orbes con un detalle superior al de muchos otros, ha sido posible distinguir las 9 partes de las que se compone un orbe.

Partes de un orbe

  1. Núcleo
  2. Frontera de núcleo (primer anillo)
  3. Cuerpo interior, o plasma
  4. Frontera de cuerpo interior (segundo anillo)
  5. Membrana exterior (cuerpo exterior)
  6. Orgánulos
  7. Tercer anillo (frontera de cuerpo exterior)
  8. Radiación
  9. Anillos secundarios (opcional)

Características del núcleo

Es la parte más pequeña del orbe, se ubica en el 1 sector y suele ocupar la porción central.
Debe clasificarse así:

Por su posición:

  • Núcleo centrado
  • Núcleo descentrado

Por su tamaño

  • Núcleo oscuro
  • Núcleo mediano
  • Núcleo expandido

Por su forma

  • Núcleo circular
  • Núcleo amorfo

En la mayor de las veces ocupa la parte central del orbe; sin embargo, en otras ocasiones es posible verlo cargado a una zona especifica del orbe (ajeno a la gravedad terrestre), y es de diferentes tamaños, llegando, inclusive a ocupar el límite del primer sector del orbe (en muy raras ocasiones).

Por contraposición, puede ser tan diminuto, al punto de lucir como un punto oscuro, en cuyo caso abarca dos partes del orbe, el núcleo y el primer anillo, o frontera del núcleo.

Siempre debe cerrarse y no lucir apéndices. Un orbe no puede tener más de un núcleo.

Características del cuerpo interior

También denominado como plasma, el cuerpo interior es la porción que sigue al núcleo, y se ubica entre el primer anillo (o frontera del núcleo) y el segundo anillo (o frontera del cuerpo interior), entre el núcleo y la membrana exterior.

Características de la membrana exterior

También denominada como cuerpo exterior, la membrana exterior es la porción que sigue al cuerpo interior, y se ubica entre el segundo anillo (o frontera del cuerpo interior) y el tercer anillo (o frontera de la membrana exterior), entre el cuerpo interior y la radiación.

La membrana exterior es la mayor porción del orbe y en ella se encuentran los orgánulos y, en algunos ocasiones, los anillos secundarios.

Características de los anillos o fronteras

Un orbe, a excepción de aquellos casos en que tiene núcleo oscuro (el primer anillo se encuentra implícito en la frontera del núcleo), tiene tres anillos, los cuales pueden ser perfectamente definidos a ligeramente difusos, así:

Primer anillo (o frontera del núcleo)

Segundo anillo (o frontera del cuerpo interior)

Tercer anillo (o frontera de la membrana exterior)

El los orbes de mayor calidad los anillos son perfectamente definidos y diferenciables.
En todo caso, en algunas ocasiones parecen difuminarse y perderse en alguna porción del orbe.

Los anillos se encuentran relativamente equidistantes y distribuidos dentro del orbe.

El primer anillo se encuentra siempre en el primer segmento (o sector) del orbe.
El segundo anillo se encuentra siempre en el segundo segmento (o sector) del orbe.
El tercer anillo se encuentra siempre en el tercer segmento (o sector) del orbe.

*Teniendo en cuenta el radio del orbe, entre el eje del núcleo y la frontera de la membrana exterior.

Características de la radiación

Orbe parafísico legítimo

Es la parte exterior del orbe, tras el tercer anillo (o frontera de la membrana exterior). Puede tener varios colores, llegando inclusive a revestir un color diferente al color del orbe en forma total o parcial y en forma de pequeños filamentos más o menos diferenciados y, por lo general de color más claro al del orbe y/o más encendido (“luminoso”).

Se extiende desde aproximadamente 1/10 a 3/10 del tamaño del orbe y rodea al orbe en forma continua e ininterrumpida.

Características de los orgánulos

Se encuentran en la membrana exterior (o cuerpo exterior) y pueden tener una apariencia granulada, porosa, a forma de pequeños relieves o con líneas más o menos paralelas a los anillos. En algunos casos los orgánulos parecieran juntarse al punto de conformar una especie de anillo.

Características de los anillos secundarios

En un orbe puede haber uno o más anillos secundarios. No siempre se encuentran presentes en los orbes; sin embargo, cuando aparecen, tienen a ser periféricos y son menos prominentes que los 3 anillos o fronteras.

En algunos casos, estos anillos parecieran conformarse de pequeños orgánulos flotantes en la membrana exterior. Pueden aparecer cortados en una o más partes.

Segmentos de un orbe

Un orbe puede dividirse imaginariamente en tres segmentos, ubicados entre el eje (centro del núcleo) y la frontera de la membrana exterior (excluyendo la radiación).

El eje debe calcularse en el centro del núcleo, y no en el centro del orbe (por cuanto el núcleo puede ser descentrado). A partir de allí y hasta la frontera de la membrana exterior se traza un radio que se divide en tres segmentos de igual distancia.

  • En el primer segmentos siempre se encontrará el núcleo.
  • En el segundo segmento siempre se encontrará el segundo anillo.
  • En el tercer segmento siempre se encontrará el tercer anillo.

Características de un orbe parafísico legítimo

Muchos de los orbes que son fotografiados, y a lo que no se puede atribuir alguna circunstancia física para su aparición, son legítimos. No obstante, y como quiera que los mismos pueden ser reproducidos en forma física, principalmente mediante partículas en suspensión, debe hacerse cada vez más exigente las condiciones, o características que debe reunir un orbe, para ser catalogado como un orbe parafísico legítimo, a saber:

Estructura del orbe (8 partes como mínimo, siendo opcional los anillos secundarios).

A parte de esto, no debes ser considerados como legítimos los orbes que:

  • Tengan un color plano
  • Carezcan de radiación
  • La estructura sea confusa o no lo suficientemente clara de acuerdo a las partes indicadas.
  • Los anillos estén en los sectores correctos

Análisis de fotos (descartando orbes falsos)

En Wikipedia se ha publicado una hermosa colección de orbes con la clara intención de desvirtuar el fenómeno de los orbes parafísicos, mostrando imágenes de orbes obtenidos a partir de la refracción de diversas partículas en suspensión.

Veamos un breve análisis a cada una de las imágenes.

http://es.wikipedia.org/wiki/Orbs

Imagen 1 (orb de polvo)
No tiene ninguna de las partes de un orbe parafísico. El color es plano, salvo algunos puntos oscuros.

Imagen 2 (orb de polvo)
No tiene ninguna de las partes de un orbe parafísico. El color es plano, salvo algunos puntos oscuros.

Imagen 3 (Polvo espeso de carbón)
No contiene orgánulos
Patrón anómalo en la radiación (la radiación no debe estar cortada y/o delimitada)
Patrón anómalo en el núcleo del orbe inferior (núcleo no debe lleva apéndices ni unirse con el segundo anillo)
Cuando se presentan “clusters” de orbes, por lo general hay variedad de colores
Cuando se presentan “clusters” de orbes, no está tan densamente poblado.
La espesa capa de carbón impide una mejor valoración.

Imagen 4 (polvo de carbón vegetal que flota en el aire)
Pareciera haber una estructura en espiral y un núcleo.
No hay una estructura definida.
No hay rediación o es del mismo color del orbe.

Imagen 5 (Orbs de lluvia, cámara enfocó -zoomed out)
No hay estructura definida (carece de las partes de las que consta un orbe).

Imagen 6 (orbs de bosque)
Orbe superior pareciera tener núcleo y 3er  anillo, pero no tiene el segundo anillo (o frontera del cuerpo interior)
Orbe inferior pareciera sólo tener el 3er anillo. Adolece de núcleo.

Imagen 7 (Orbs de lluvia, cámara enfocó en zoomed in)
Color plano, sin estructura alguna.
Imagen 8 (Esferas de la lluvia con coma y aberración cromática)
No tienen la estructura que debe poseer un orbe parafísico legítimo.

Imagen 9 (cercano orb, mostrando bordes púrpura)
No posee núcleo o posee 2 o 3
Carece de segundo anillo o no se ubica en el 2/3

Nota: Las imágenes fueron obtenidas el día 02 de mayo de 2014, y las mismas podrían ser cambiadas, suprimidas o aumentar en número en el futuro).

Orbes de nieve
Foto nocturna en temporada de nieve.

Orbes de aspecto extraño
Orbes de diferentes formas y colores.

imagenes de orbes extraños