Los 5 mandamientos

No soy amigo de ningún lineamiento, de ningún mandato, de ninguna directriz que deba ser obedecida. Y en esto estoy con Osho cuando, en su primer mandamiento, postula: No obedezcas ningún mandato a no ser que sea un mandato desde tu interior. Y lo mismo pienso al respecto. Quien tiene algún mandato exterior que deba obedecer padece de una forma de esclavitud y de subyugación.

Sin embargo, si ese mandato proviene del interior, aun cumplíendolo, es libre. Por ejemplo, para para las religiones amar es un mandato. Sin embargo, cuando uno ama a una persona o a algo, aún cumpliendo el mandato es libre de ese mandato y simplemente hay actuación expontánea y libertad plena en ese acto de amor.

Así, cuando para ti estos 5 mandamientos no lo sean como tal, ni sean una carga, ni una cadena, ni un yugo, sino que sean algo inherente de ti y de tu conciencia, entonces verdaderamente los cumplirás en forma íntegra. Y cuando refines más tu comprensión y tu conducta, descubrirás que sólo hay un mandato, y cuando halles la comprensión final, descubrirás que ni siquiera ese único mandato existe porque es parte inherente y natural de ti, como sentir, como ver o como respirar.

No he de negar que no me siento nada cómodo planteando ningun tipo de mandato pues no soy nadie para decirle a una persona lo que debe hacer, sentir o pensar; no me siento nada cómodo haciendo lo que todas las religiones hacen: imponer mandamientos. Sin embargo, quizás se halle el atenuante en que reconozco que estos mandamientos  no deben ser obedecidos, NUNCA, en ningún espacio ni tiempo, y que son sólo temporales y que son suceptibles de reducirse al punto de no quedar ninguno.

NO obedezcas estos mandatos, sólo actúa con conciencia. Si así procedes, entonces, sin obedecer ningún mandato, habrás alcanzado una cumbre más alta. Y no es que haga apología a la desobediencia, ni tampoco a la obediencia. NO debes ser ni obediente ni desobediente, sólo debes ser libre. Pero no te equivoques, la libertad es la capacidad de elección y acción de acuerdo a tu propia conciencia.

Estos son los 5 mandamientos

1 No te hieras, ni hieras a nada ni nadie
2. Conserva tu energía
3. Modifica tu conducta
4. No tengas creencias
5. Se antropocéntrico

1. No te hieras, ni hieras a nada ni nadie

El más importante mandamiento, y en el que se resumen todos los demás.
Uno piensa que uno realmente se ama a sí mismo y que no se hiere, pero es todo lo contrario de momento en momento pues tenemos estrés, ansiedad, ira, impaciencia, orgullo, etc. Y todo eso indudablemente nos hiere. Pero no sólo eso, sino que nos alimentamos en forma incorrecta, nos volvemos sedentarios, no vamos al parque a hacer ejercicio, dejamos deteriorar nuestra salud, etc., y todo ello son formas de herirnos.

En lo que respecta al aspecto exterior herimos con palabras, obras y omisiones. Botar una cáscara de fruta al frente del vecino es una forma de herir, contaminar el aire es una forma de herir, enjaular un pájaro es una forma de herir, no ayudar en forma correcta en el momento oportuno es una forma de herir.

Cuando uno realmente y en forma espontánea no se hiere, ni hiere a nada ni nadie en la forma más absoluta, ha alcanzado la comprensión última. No existe, no ha existido ni existirá ninguna iniciación ni ninguna santidad que pueda rebasar esto, ir más allá.

Pero alguien dirá, no será mejor decir: ¿Ámate a tí mismo y a todos los seres? Si alguien se ama, no se hiere; si alguien ama a los demás, no los hiere.  Y la respuesta es: sí y no. Sin embargo, sucede que los seres humanos no sabemos amar por más que rasguemos nuestras vestiduras diciéndo que sí lo sabemos (aunque a veces sabemos de bellos vislumbres). Sin embargo, el sólo planteamiento de no herirse, ni herir a nada ni nadie  permite abordarlo de una forma diferente, darle un matiz diferente, la magnitud que se requiere para hacerlo más comprensible. Los seres humanos usualmente no sabemos lo que es amor, pero sí solemos saber cuando estamos hiriendo, causando alguna forma de daño. Es verdad, quien ama no hiere a aquello que ama, ni le causa sufrimiento, pero se requiere primero tener consciencia de que el sufrimiento es no bueno, no herir. Y paulatinamente vendrá llegando lo otro. Primero enciende el fuego, y luego vendrá la luz.

2. Conserva tu energía

No significa que siempre tengas que conservarla, pero “invertir energía” y “derrochar energía” son bien diferentes. Por ejemplo, si hablas en una ocasión en la que no debes o algo que no resulta productivo, estás derrochando tu energía y eso te desgasta y eventualmente te hará sufrir (no te hieras).

Necesitarás de comprensión y de interpretación de contexto para saber si lo que haces es un derroche o una inversión. Y debes hacerlo con conciencia, sin evasivas, sin pretextos.

La última síntesis de esta conservación de la energía es la conservación de la energía sexual. La razón de su imoprtancia radica en que de ella procede la vida. Expulsarla fuera de sí es una forma de herirse pues se arroja la vida de sí mismo y no permite que el laboratorio humano la procese en hormonas y vitaminas.

La energía sexual se asemeja a la sangre. Una persona puede donar sangre cada cierto tiempo y, hasta cierto punto estará bien y será benigno para el organismo (que a su vez, eventualmente la reemplazará), pero si se extrae diariamente, aun cuando sea en menor cantidad, pronto vendrá a anemia y la debilidad pues el organismo no tendrá el suficiente lapso de tiempo para recuperarse. Cosa similar ocurre con la energía sexual. Al no expulsarla, el propio organismo la reabsorve y se transforma en hormonas y vitaminas, aspecto que ayudará en tu calidad de vida en todo sentido. Pero si se expulsa pronto vendrá la debilidad, las enfermedades y la muerte. Unirse sexualmente sin expulsar la energía es posiblemente el más grande axioma de la vida y de la tradicción hermética. No te hieras, conserva tu energía.

3. Modifica tu conducta

Todo tipo de sufrimiento es originado por una configuración psicológica errada. Quien tiene una psicología sana y en perfecto equilibrio no sufre jamás, y no puede sufrir. De ahí la importancia de modificar la conducta. Dicha modificación sólo puede advenir con la comprensión. Una cosa es conocer y otra comprender.

Y para comprender se debe primero observar, ese observar nos provee  de determinado conocimiento -con el que podemos generar nuevo conocimiento (estudiar, investigar)-, para finalmente comprender. Los cinco consejos son todo un tratado de comprensión con el que, sin duda, podremos modificar nuestro interior. Por ejemplo, cuando una persona comprende que el otro es un ser humano, y cuando comprende que los seres humanos somos imperfectos, la imperfección del otro ya no le resultará molesta y se minimizarán o anularán episodios de ira, de venganza, de queja, etc.

Conocimiento y comprensión son diferentes. Uno puede conocer, saber que en la mañana “amanece”, que sale el sol, y que horas después “anochece”, se soculta el sol, pero podría no comprender ese fenómeno, cómo ocurre, por qué ocurre. Sin embargo, el conocimiento que tiene le sirve para generar nuevo conocimiento, para estudiar e investigar. Al hacerlo, entrarán en contexto el Sol, la Tierra, el sistema solar, la gravedad, la translación y rotación de los planetas y todo ello, eventualmente, le permitirá finalmente llegar a la comprensión. Del conocimiento a la comprensión hay sólo un paso que es flexible, puede ser corto, muy corto, o puede alargarse, eso depende de nosotros.

Pero ¿cómo modificar la conducta? Supongamos que alguien hizo algo que nos molestó, tenemos ira, y debemos comprender para eliminar esa ira (puede ser cualquier otro tipo de configuración psicológica, miedo, depresión, venganza, lujuria, pereza, codicia, odio, etc.) Pero comprender es sólo el estadio final. Sólo se comprende a base de algunos conocimientos previos, y esos conocimientos previos sólo se dan en base a unas observaciones previas.

Primero debes observar, sólo observa lo que está sucediendo en tu interior, tanto a nivel psicológico como a nivel físico. Repito: sólo observa, sin excusar ni condenar. SÓLO OBSERVA. Esa observación por sí misma ya reduce la sensación y, por otro lado, es la base para comenzar a conocer lo que está sucediendo en nuestro interior pues ¿por qué ha sucedido? ¿Qué he sentido? ¿Dónde? ¿Cómo sucede? ¿Por qué? ¿Cada cuanto? (Entre otras situaciones).

Al comienzo posiblemente no podremos resolver todos estos interrogantes, pero a medida que que hagamos introspección sobre ello (meditación), un día llegarás a la comprensión. Y cuando la comprensión adviene la sensación que nos tortura es eliminada. De esta forma cambiamos. Si antes era iracundo, ahora soy sereno. Y la razón es simple: si alguien tiene ira y de repente se la quitamos ¿cómo queda? Sin ira, tranquilo.

Si lo deseas, cuando estés haciendo la observación y/o la introspección (meditación), puedes imaginar que eres un fuego, y que ese fuego elimina, convierte  en cenizas esa sensación que sientes, algunos inclusive lo acompañan con mantrams como “OM” o “Ham-sah”; es tu decisión, como te sientas que está funcionando mejor.

Por supuesto, esto requiere de un trabajo incansable, serio. Quizás prefieras no hacerlo, pero al no hacerlo estamos trazando nuestro futuro por inacción, y ese futuro es sufrimiento. Y la razón es sencilla: Nunca, absolutamente nunca uno podrá ser feliz mientras dentro de uno siga habiendo odio, ira, venganza, ansiedad, orgullo, negligencia, codigia, apego, etc. Todo ello sólo nos generará sufrimiento de algún modo, directa o indirectamente, y quien sufre no puede ser feliz. Es verdad que uno normalmente quisiera ser feliz sin trabajar sobre sí mismo, sin embargo, la realidad es que así no suceden las cosas. No te hieras, modifica tu conducta. No hieras a nada ni nadie, modifica tu conducta.

4. No tengas creencias

Todo tipo de creencia es el principio de la ignorancia y de la esclavitud. Las creencias por sí mismas nos impiden percibir la realidad en forma directa y nos impiden ser coherentes con ella. Las creencias generan religiones, y las religiones ministros e intermediarios, ritos, sacramentos, diezmos, ídolos, etc., etc.

La creencia es como una sábana que se pone delante de los ojos del creyente, y en ella toda una plétora de preceptos que deben ser creídos, no importa si son ciertos o no, sólo deben ser creídos. Sin embargo, esa sábana puesta delante de nuestros ojos es justamente lo que nos impide ver la realidad, y si nos impide ver la realidad, nos convierte en ignorantes, y si somos ignorantes sufrimos pues la ignorancia sólo deja sufrimientos.

¿Qué pensarías de alguien que cree que en la noche pasan elefantes fosforecentes esparciendo su vaho, y que ese vaho nutre la tierra y regula todo? Claro, cada quien es libre de creer en lo que quiera, pero así o más fantasiosas son todas las creencias. ¡Mira! Esto es lo que hay, sigue tu intuición, ella no te llevará al terreno de lo absurdo, pero si lo hace, entonces es sólo que se habrá contaminado con cuestiones de cultura, de tradiciones, de dogmas, de creencias.

Además de esto, se debe tener en cuenta que una creencia es algo no comprobado (por eso es creencia) y, por consiguiente, se aísla de la realidad e inclusive puede llegar a ser incoherente con la realidad. Si una creencia se llegara a comprobar como verdadera, entonces dejaría de ser creencia, puesto que ya no sería una cuestión de creer, sino una realidad. Hoy por hoy nadie puede creer en la circulación de la sangre, en la fotosíntesis de las plantas, en el envejecimiento, o ¿acaso tú crees que las personas envejecen? ¿Crees que el sol alumbra y que el agua moja? ¡No! Y aunque es verdad que hay cosas que aún no se pueden comprobar, y que no por ello pudieran ser ciertas, en el entre tanto permanecen como hipótesis, por las que nadie estaría dispuesto a hacer correr sangre.

Las creencias dividen a los seres humanos y, lo peor, por cosas que no han sido comprobadas, y esa división genera dolor, sufrimiento. Por creencias la humanidad entera se divide y los seres humanos no nos reconocemos como seres humanos vinculados entre sí, como hermanos, como seres que estamos juntos en esto, lo cual genera desidia, actos antiamorosos, odio y hasta destrucción y muerte. No te hieras con creencias que sólo te dejan ignorancia. No hieras a nada ni nadie con las divisiones y las posturas irreconciliables que generan las creencias.

5. Sé antropocéntrico

Esto no significa que sólo el ser humano sea lo más importante en toda la creación, y que lo demás pueda o debe ser herido o desechado como algo sin importancia. No significa que sólo se deba buscar la protección y bienestar del ser humano y que se pueda hacer mal a los demás seres vivos, al medio ambiente, al aire, al agua, etc. NO, ROTUNDAMENTE NO. Pero sí significa que, con preeminencia, es el ser humano el que debe ser divinizado, adorado, amado, respetado, dignificado, no matado en las guerras, no diezmado por enfermedades, no esclavizado bajo ningún sistema, no explotado bajo ninguna forma.

Ser antropocéntrico no significa sólo procurar que el ser humano esté bien, sino que todo esté bien. Amarse a uno mismo no significa amarse únicamente a uno mismo. Amar a los demás y a todo lo demás es una forma de amarse puesto que te amas en lo que amas. Contaminar los ríos, el aire, destruir los bosques, destruir nuestro mundo es una clara forma de cómo no ser antropocéntrico, es un atentado directo contra nosotros mismos. Y así con todo. Herir a los demás es una clara forma de no ser antropocéntrico pues implica no reconocer el hecho fundamental de que todo está intercontectado con todo, que todos somos uno, que no podemos existir en forma aislada, que herir a otro es herirse a uno mismo, porque la vida es inteligene y eventualmente nos devolverá la herida. No te hieras, se antropocéntrico. No hieras a nada ni nadie, se antropocéntrico.

Conclusión

Como podrá haber sido notado, el propósito de cada uno de estos mandamientos es no generar sufrimiento. El sufrimiento es aberración. Considero que la verdad más simple y más elemental es que todos los seres del universo (y de todos los niveles de realidad) estén bien, felices y en paz. ¿Hay acaso algo mayor? Pero ello no es posible mientras existan las causas que generan sufrimiento.

Lo repito de nuevo porque esto no es algo menor. Considero que la verdad más simple y más elemental es que todos los seres del universo (y de todos los niveles de realidad) estén bien, felices y en paz. ¿Hay acaso algo mayor? Pero ello no es posible mientras existan las causas que generan sufrimiento.

Cuando uno es incapaz de herirse a sí mismo en ninguna forma; cuando uno es incapaz de herir a nada ni nadie en ninguna forma, entonces no hay sufrimiento, y si no hay sufrimiento entonces sólo quedan abiertas las puertas para el bienestar, la paz y la felicidad.

Por eso, el primer mandamiento es el más relevante y en el que se sintetizan todos los demás: No te hieras, ni hieras a nada ni nadie. Sin embargo, ante determinadas situaciones, y mientras estamos lejos de aniquilar el sufrimiento,  ese mandamiento nos lleva también a una regla de oro: entre dos males inevitales que debas escoger, escoge el menos nocivo. Aun asi, eso que uno llama “malo” realmente es “bueno”. Y eso que uno llama “bueno” puede que no sea tan bueno, inclusive quer resulte malo, pero de ambos surge el aprendizaje, y ese es el camino medio, el camino completo (y no sólo la mitad de él, por ejemplo, sólo blanco, o sólo negro). No hay nada que juzgar ni condenar como bien o mal absoluto pues, despues de todo, la vida es libre en su movimiento y todo es aprendizaje, y el aprendizaje es algo correcto.

Por lo general los seres humanos procuramos herirnos el mínimo posible y herir el mínimo posible a los demás, ya en a un nivel restricivo (familia, amigos, vecinos, etc.) o amplio (toda la humanidad, todos los seres sintientes, todo lo existente). De ahí que todos practicamos, ya en mayor o menor grado, ya con éxito ámplio o discreto, estos mandamientos y, por tanto, estamos más o menos alineados con este pensamiento, incluso si nunca supiéramos que ellos exisen. Exponerlos (estos mandamientos) en esta forma tan específica sólo puede servir para dar una luz, para ser más conscientes de lo que quizás ya intuíamos, para eventualmente reconocer en ellos la síntesis más humana, una doctrina de comprensión y de conciencia.

Y todos estamos en la misma tarea de comprensión, de experimentación de la vida humana, de anular o minimizar el sufrimiento, y eso nos iguala, nos hermana, nos pone bajo las mismas necesidades, sueños, frustraciones, esperanzas, etc.

Sólo somos humanos montados en el mismo bus, en el bus de la vida, ¡estamos juntos en esto! Y la vida no es fácil para nadie, así que si logramos ser más solidarios, más bondadosos, más comprensivos con nosotros mismos y con los demás, la tarea está hecha. No que esté hecha por completo, pero habremos hecho lo más urgente.

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